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Puede decirse que la bioseguridad consiste en preservar el estado de los seres vivos: animales (incluyendo al ser humano), plantas o un hábitat en general. Así se resguarda la salud de la contaminación, las epidemias, los ataques biológicos u otras amenazas.
Muchas veces se asocia la bioseguridad al control del riesgo en un entorno laboral. En los centros de salud (hospitales, sanatorios, clínicas, etc.) y en los laboratorios se suele trabajar con agentes infecciosos: por eso garantizar la bioseguridad es imprescindible para el bienestar de los empleados y también de los pacientes. En este marco también se habla de bioseguridad hospitalaria, y es importante la utilización de guantes y mascarillas, el adecuado desecho de los residuos y la desinfección de los ambientes.
De acuerdo con el grado de letalidad de cada enfermedad, es posible reconocer cuatro niveles de bioseguridad:
La bioseguridad no consiste en una decisión simple o en un recurso del cual se hace uso un día determinado para evitar un caso aislado de contaminación; se trata de un conjunto de prácticas, dispositivos e instalaciones que apunten de forma constante y activa hacia la mayor protección de los seres vivos que se encuentran expuestos a una serie de riesgos bien definidos, que deben ser identificados previamente.